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PERIODISMO Y OBJETIVIDAD (Marzo 2009)
¿Por qué contamos lo que contamos? ¿Somos objetivos?

Según el diccionario de la Real Academia Española, “noticia” es una noción, un conocimiento, un hecho divulgado, el contenido de una comunicación antes desconocida. Los periodistas trabajamos difundiendo noticias, “haciendo notas”, como se dice en la jerga.
Una de las exigencias propias del trabajo, y también de lectores, oyentes o televidentes, es que esa tarea se realice con objetividad. No hay, pareciera, más orgullo para lucir que el declarar: “yo soy objetivo con lo que digo”.
Sostengo que la objetividad en el periodismo no existe.
Somos contadores de historias. Esa es nuestra labor cotidiana, extendida a varios universos, claro, pero reducida siempre, a una misma regla: vamos a intentar decir qué paso y, si podemos, develaremos porqué ocurrió. A grandes rasgos, en eso consiste el asunto.
Cuando un periodista, como cualquier persona, cuenta una historia, no la está contando solo. Frente a un hecho, el periodista encara su relato, lo sepa o no, condicionado por su historia, sus prejuicios, sus miserias, sus creencias y su escala de valores. No es jamás objetivo. La forma en que fue educado, el entorno en el que creció, su experiencia personal y familiar, todos serán elementos que le darán a la historia un tono único y propio.
Por eso sugiero no tildarnos de periodistas objetivos, en pos, paradójicamente, de ser objetivos y veraces a la hora de darnos a conocer ante los receptores de las noticias que comunicamos.
Propongo hacer periodismo honesto, ni objetivo ni imparcial.
No hay acción alguna del género humano que no presuponga un propósito. Hacemos algo para lograr algo, motivados por algo, para conseguir algo, dicho esto sin juzgar medios u objetivos ¿Por qué el acto de hacer periodismo debería escapar a esa situación?
Un maestro de periodistas, Ryszard Kapusinski, escribió: “El verdadero periodismo es intencional: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”(*).
Tenemos que ser transparentes con el lector, el oyente, el televidente.
¿Cómo ganamos su confianza? ¿Cómo nos volvemos creíbles, el verdadero logro máximo de nuestra profesión?
Supongo que de la misma forma que se teje una amistad: con tiempo, poniéndonos a prueba, mostrándonos como somos.
De la larga confrontación entre dichos y hechos, del extenso testimonio consecuente entre vida y obra, quien nos lea, nos oiga o nos vea, sabrá si estamos siendo honestos con lo que contamos.

(*) “Los cínicos no sirven para este oficio”, R. K.