quien soy Mi carrera laboral
Trabajos en TV contacto
 

SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO (Mayo 2009)
"Es lo que la gente pide", pareciera ser la razón primordial que justifica todo nuestro accionar.

¿Qué es lo que quiere la gente? La respuesta a este interrogante ha desvelado al hombre desde el principio de la Historia. La pregunta acosa al político, al militar, al artista, al escritor, al psicólogo, al ciudadano de a pie… y al periodista.
Desde que los medios de comunicación se han convertido en emprendimientos empresariales, la renta económica entró a ser decisiva a la hora de los balances. Así, comienzan a entenderse a las noticias como productos, e incluso hablamos en las redacciones de “vender” un tema, y nos planteamos si tal o cual asunto “vende o no”.
Ocurre que un empresario de cualquier sector tiene la prerrogativa de alterar y acondicionar sus productos de acuerdo a las demandas del mercado. ¿Qué ocurriría si a esta frase le cambiásemos “productos” por “noticias”? Nos daríamos cuenta del hábito de acondicionar y maquillar a la información para que el público la consuma con mayor gusto y fidelidad.
“Hay que darle a la gente lo que la gente pide” podría ser un buen argumento para un fabricante de corpiños pero no para un periodista. Ejercicio: ¿Qué llamaría más la atención del público, un strip tease de una conocida modelo en el despacho presidencial o el tratamiento del presupuesto nacional en el Congreso? Entre las curvas de una niña pulposa y el largo discurso de un diputado, el veredicto popular elegiría, sin dudas, la primera opción.
Para el público, para la vida de cada televidente, oyente o lector, será mucho, muchísimo más trascendente lo que haga el Parlamento con el dinero destinado a la educación, la salud y la vivienda que el baile sensual de la aspirante a vedette.
El periodista, entonces, debería abocarse al tema más importante, no al más llamativo. Como desafío, habría que procurar hacer llamativos los temas importantes, facilitando el acceso de los más amplios sectores de la sociedad a los asuntos de trascendencia, de manera dinámica, sí, pero sin perder rigor ni seriedad.
La tozuda tendencia a seguir “los gustos de la gente” convierte a los noticieros, a los diarios y a la mayoría de los programas de radio en magazines. Esos espacios se ocupan de cosas que despiertan atención, casi siempre por el escándalo o el impacto. A menudo, se cuelan por allí temas de los que nadie está ajeno: un paro docente, la mala atención de un hospital, el problema de las villas de emergencia en la ciudad.
Allí se cierra un círculo vicioso: acompañamos la indignación de la gente, pero no admitimos que mientras se discutía sobre la escuela, la salud y las viviendas nosotros estábamos con el video hot de la modelito.
No se trata, insisto, de hacer de un noticiero un boletín oficial. No se trata de llenar los informativos de palabreríos helados y reportes matemáticos.
Se trata de contar las noticias que más afecten o involucren a la gente, mirando el bosque y no el árbol, y del árbol, no solo el fruto, también las raíces.
Podemos hacer un periodismo entretenido y ágil. Podemos utilizar miles de recursos para que el mensaje que queremos trasmitir llegue de manera más directa al público sin aburrir.
Pero no debemos ni podemos perder de vista que nuestro objetivo no es divertir ni entretener: tenemos que darle a la gente lo que, con honestidad, creamos que más le sirva.
Darnos cuenta qué sirve o no, separando el trigo de la maleza, es la misión principal. Después habrá que comunicar eficazmente esos contenidos, sin tentarnos en las complicidades del golpe bajo, sin recurrir al auxilio de la demagogia.
Menuda tarea nos espera.