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LA RISA, REMEDIO INFALIBLE (Julio de 2009)
El periodista y la exigencia de "la buena onda" y el humor.

Ryszard Kapuscinski (1932-2007), polaco, fue considerado como el mejor periodista del Siglo XX. Un libro reúne una serie de conferencias que brindó, bajo un título que bien podría ahorrar extensas definiciones para nuestra actividad: “Los cínicos no sirven para este oficio” (2003). En esa recopilación de charlas el amigo Ryszard deja, entre otros conceptos, una serie de reflexiones sobre la noticia como producto.
Sabe Kapuscinski que los medios de comunicación fueron comprados por grandes empresas ajenas al universo periodístico. Entiende que muchas veces son puestos en puestos directivos a gerentes con objetivos de cualquier empresa: que sea rentable. La noticia, así, pasa a ser una prenda de cambio, el último eslabón de la cadena productiva, el bien a comercializar. De esta manera, concluye, una nota en la tele, en la radio o en un diario se vuelve, en definitiva, en un artículo más de la gran góndola mediática, que será evaluada en la medida que genere o no ganacias.
En la sintonía de hacer más exitoso a la noticia – producto últimamente el humor se ha colado en nuestra labor, casi como requisito imprescindible a la hora de comunicar. No hablo de humoristas haciendo su trabajo, hablo de periodistas convocando siempre a la risa.
Es frecuente escuchar que tendríamos que darle a la nota un “toque distinto”, “algo bien arriba”, “algo que enganche”, y sobre todo “que tenga buena onda”. De la misma manera, se suele dejar de lado ciertas informaciones porque “es muy depre, viste” o “espanta un poco a la gente, ¿sabes?”.
Le damos la bienvenida así a los envíos informativos en radio y TV tipo magazine, de interés general, con preponderancia de las notas llamadas “de color”. Pero por sobre todas las cosas, insisto, nos llenamos de periodistas que están muy alegres, que trasmiten buen ánimo y que solo “aburren/entristecen” cuando ya no les queda más remedio y admiten, velozmente, que, por ejemplo, cada semana se mueren 10 personas de chagas, para regresar con más premura aún al clima de estudiantina que proponen y que, justo es admitirlo, el público mayoritariamente festeja.
No se necesita poner cara o hablar con tono de empleado de una funeraria para ser considerado un periodista responsable. Se puede contar con estilo y clase una historia tristísima sin caer en golpes bajos o lugares comunes.
Lograr un tratamiento interesante de la noticia importante es (ya lo escribí en otros textos) el desafío a superar.
Kapucsinski decía que eran cinco los sentidos que debía conservar el periodista: estar, ver, oir, compartir y pensar. Dudo que hubiera aceptado agregar a esa lista el verbo “divertir”.