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FALACIAS SOBRE LA "DROGA LIBRE" (II) (Setiembre de 2009)
"Que linda noche para leerse un textito", diría Calamaro.

En el país del barullo, el que hace más ruido es el rey. Amplificadores de sonidos molestos, los periodistas tenemos como (mala) costumbre buscar el impacto y enseguida, ante cualquier cuestión, nimia o trascendente, le agregamos el rótulo “la polémica”.
El fallo de la Corte Suprema sobre un caso puntual de tenencia de marihuana para consumo personal revolvió el avispero, y los aguijones mediáticos picaron a Andrés Calamaro. El músico (parece) se convirtió en un adalid de la cannabis luego de que hace unos años, en La Plata, dijera “¡Qué linda noche para fumarse un porrito!”
Ahora, luego de la resolución del máximo tribunal, Calamaro se mostró de acuerdo con lo dictado por la Corte y así lo explicitó en la presentación de un libro en un club de barrio.
Apología del delito, acusó un juez.
Los dichos del músico reavivaron el debate televisivo, radial y gráfico entre “el ámbito de lo público y lo privado” y se escucharon voces que lo criticaron: “¿Cómo alguien que es un referente para muchas personas puede, libremente, impulsar un veneno?”
Que se decida en Tribunales si las expresiones de Calamaro constituyen o no delito. Él sabrá defenderse solo.
Es notable como los medios atendemos ciertas cuestiones y desatendemos otras.
Puestos a revisar apologías de delito y el papel de los “referentes sociales o culturales” a la hora de tratar un tema de interés común, pareciera formulada hace dos siglos la expresión “el que mata debe morir”.