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DE CORTES Y "REHENES" (Setiembre de 2009)
Si se pide trabajo cortando una calle, se viola la ley. Si se pide pena de muerte cortando una calle, es un acto de coraje cívico.

Un grupo de manifestantes corta la avenida 9 de Julio, reclamando por 160 compañeros despedidos. Se produce un congestionamiento del tránsito. (Si se quiere estar actualizado, dígase “colapso de tránsito” o el siempre útil “caos de tránsito). Producido el embotellamiento, se dispara la consigna: “La gente, rehén de la protesta”.
Un grupo de hinchas de Boca corta la avenida 9 de julio, al paso del micro que trae a los jugadores campeones del mundo, en lenta caravana desde el aeropuerto de Ezeiza. Se produce un congestionamiento/colapso/caos de tránsito. ¿A alguien se le ocurre decir “La gente, rehén de los festejos”?
Un domingo de estos iba hacia la capilla “Cristo Obrero” en la villa 31, por la calle Salguero. Al llegar a Figueroa Alcorta, me encontré con la avenida cortada por una maratón. Tuve que retomar, en costosa maniobra, por Gelly, regresar a avenida Libertador hasta la terminal de Retiro. Hice, aproximadamente, 60 cuadras de más y demoré 30 minutos mi llegada a destino. ¿Acaso fui rehén de Nike?
La mayoría de los periodistas frente a una protesta gremial o social corren solícitos a preguntarle a los manifestantes (dígase “activistas”) “¿de dónde son?”, “¿a quién representan?”
La mayoría de los periodistas, frente a una protesta vecinal contra la inseguridad, jamás le preguntan a los que piden pena de muerte a los menores de 12 años quiénes son, a quién representan.
Se dirá que los cortes de calles y rutas violan el artículo 14 de la Constitución Nacional, que asegura el derecho de cualquier habitante para “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino”.
Los que defienden con tanta pasión este fragmento de la carta Magna podrían seguir leyendo nuestra ley de leyes, hasta el artículo 14bis:

- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.
- Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga.

Algunos dirán la pomposa frase “los derechos del otro terminan donde empiezan los míos”. No se escuchaba eso cuando los cacerolazos del 2001 cortaban calles de las grandes ciudades. Allí no hubo “colapso”, ni “activistas”, ni se vio a nadie preocuparse por que hubiera que llegar una hora más tarde a casa.