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LLUVIA DE CHANES (Febrero de 2010)
Homenaje incompleto a Tomás Eloy Martínez.

Llovió, como en todo el mundo, de arriba para abajo. Los periodistas repetimos sin fatiga las palabras “caos”, “desastre”, “drama” y hasta “tragedia”, y agotamos allí nuestra evaluación de lo sucedido. Un presentador de noticias nocturno, muy simpático él, preguntó a su movilera, en medio del temporal: “¿Viste gente del gobierno porteño?”. La cronista le respondió que no. El presentador amigable se apuró a minimizar el faltazo: “Bueno, bueno, seguramente ya estarán por llegar”.
Cualquier manual de periodismo obliga a preguntar a las autoridades de un estado, municipal, provincial o nacional, por las cosas que a ese estado le pasan. Si la ciudad se inunda, es imprescindible preguntar por qué, cómo, dónde, hasta cuándo. Cualquiera recordará que, en episodios similares, se perseguía y acorralaba al funcionario de turno para, con preguntas más o menos cómodas, obligarlo a que por lo menos diga, sino lo que deba, al menos lo que pueda o quiera.
Perdimos esa costumbre. Dos diluvios en siete días, en ambos con el jefe de gobierno ausente, y todos circunscribiendo esa situación a que “llovió mucho”.
De manera violenta, caprichosa, inapropiada y hasta irrespetuosa, me permito saltar hasta Tomás Eloy Martínez. Lo veo viajando hacia Trelew, a cubrir lo que el poder ya había descripto como “fuga de guerrilleros de una base naval”. TEM llega al lugar, descree de la versión oficial, regresa a Buenos Aires y se niega a hacer “cut & paste” en la gacetilla militar. Se queda sin trabajo y le dicen que si insiste en contar otras cosas que las impuestas por la autoridad, lo iban a matar. Se exilia. Y escribe lo que tenía que escribir en forma de libro. Tenía 36 años. Tres menos que yo, al momento que garabateo estas líneas.
Me pregunto si aquél Tomás, de 36 años, tendría trabajo en cualquiera de nuestros noticieros. Me lo imagino, en medio del temporal, acaso en un movil, preguntando al aire “¿Dónde está Macri?”. Sospecho del corte abrupto de trasmisión con un parco “Gracia, Martínez, enseguida regresamos”, y lo aventuro, con demasiada suerte, destinado a una larga serie de reportes sobre los escándalos sexuales de Britney Spears, las encuestas sobre el auge del baile del caño y los punzantes relevamientos del precio del tomate, la achicoria y el ossobuco.
Yo no se donde vamos.
Pero estoy seguro que, cuando lleguemos, estaremos irremediablemente solos, parias, canallas, ganapanes.
Salir de este encierro urge, apremia. Mientras tanto, nos tapa el agua.