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ESTUDIANTES, ESTUDIANTES, ¿A ESTUDIAR? (Septiembre de 2010)
Los alumnos reclaman, y para algunos periodistas, la canción sigue siendo la misma.

Un grupo de estudiantes, en varias escuelas, lleva adelante una protesta por mejoras edilicias y más asignación de presupuesto. “Están haciendo política”, dicen voces periodísticas que los acusan. “¿Por qué no se dedican a estudiar y listo?”, agregan.
¿Desde cuándo está mal “hacer política”?. ¿Hay edades adecuadas para “hacer política”?. ¿Acaso empresarios, medios de comunicación, jueces, y, lógicamente, políticos , no hacen “política”?.
En un sistema democrático, todas las discusiones son (y deben ser) políticas. Entendiendo a la discusión como un intercambio de ideas entre todas las posiciones en debate, quitar de allí a los estudiantes es intentar cercenar el derecho a que los propios involucrados se ocupen del asunto. Es como decirles “vos tenés un problema, pero dejá todo como está, ni lo denuncies ni intentes solucionarlo?”.
Desalentar la participación de los jóvenes en la protesta es apostar a una sociedad cada vez más fragmentada, menos participativa. Si el mensaje baja a los que empiezan su vida ciudadana (y, por ende, su vida política), a los que recién se inician en el ejercicio de peticionar y defender sus derechos, la consecuencia es trágica (y repetida): cada uno en su casa y vos “no te metás”.
Lo resuelto por los estudiantes puede ser sometido a críticas por sus procedimientos y métodos. Tal vez no aciertan en la extensión de la protesta o en su intransigencia. Pero están aprendiendo a formarse como hombres políticos. Y se equivocan. Y tienen, también, derecho a equivocarse. Pero logran un triunfo valioso en instalar el tema en la agenda pública. Enfrentan un enemigo temible: pactos espúreos y negocios mediante, los grandes medios de comunicación se vuelven laxos para tratar la noticia en su real dimensión y le quitan entusiasmo. (Entusiasmo que, hagan la prueba, recuperarán el 11 de setiembre, Día del Maestro, para rasgarse las vestiduras por los héroes de guardapolvo blanco)
Dos cosas más quisiera apuntar.
¿Por qué después de que “el campo somos todos” no llegó nunca “la educación pública somos todos”?
A veinte años del caso María Soledad Morales, ¿qué hubiera pasado si estudiantes secundarios, compañeros de la chica, no hubieran marchado 83 veces por las calles de Catamarca? Ellos también “hacían política” en ese entonces.
Ojalá las crónicas periodísticas revisen, cuestionen y replanteen el tema, pero sin tentarse en defenestrar a aquellos que participan. Renegar de los que “hacen política” es regresar a épocas donde el silencio era salud, donde los que pedían por el boleto escolar desaparecían y nadie preguntaba, porque “algo habrán hecho”.