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TODOS SOMOS MILITANTES (Abril de 2011)
El periodista vive tomando posición y opinando, pero le cuesta ser examinado por las posturas que asume frente a la noticias que cuenta.

Entrevista a una vecina, a raíz de un hecho delictivo ocurrido en su barrio:

-Señora, ¿hay muchos robos en la zona?
-Y… querido. ¿Vos no mirás la televisión todos los días?

La mujer no cuenta lo que ve. Cuenta lo que la televisión dice que pasa. Es la descripción más simple y eficaz de lo que está sucediendo con los medios de comunicación en la Argentina.

Esta coyuntura otorga a los periodistas una responsabilidad excepcional: lo que digan o no digan será, sin objeciones, “la realidad”.

¿Qué debe hacer un hombre de prensa frente a esta situación?

No traicionar ni traicionarse. Ser transparente en su escala de valores, al cabo, el prisma con que verá todo eso que lo rodea, toda “la realidad”. Porque hay valores, propósitos y objetivos que interactúan en toda la actividad periodística, resulte esto explícito o no en las noticias que se difunden.

Posicionarse en alguna razón o circunstancia particular que favorece o apoya cierta pretensión o determinado proyecto. Así define la Real Academia Española el verbo “militar”.

Elegir determinado tema para la tapa de un diario, darle más o menos minutos a una información en la TV, lanzar esta o aquella consigna en un programa de radio, son todas acciones que expresan las pretensiones o el proyecto que suscribe el periodista y/o el medio.

Entendido así, todos somos militantes.

No hay razón para escandalizarse por esto. Acaso quepa espacio para la indignación allí donde (por temor o vergüenza) no se quiera aceptar qué valores persigue un hombre de prensa, qué pretensiones o proyectos persigue el medio donde trabaja.

No siempre, claro, existe una sintonía de propósitos entre el empleador periodístico y su empleado. Pero siempre hay una oportunidad para dejar ver la posición que uno toma frente a determinado hecho.

Se me ocurren unos pocos ejemplos:

- Podemos no llamar villeros a los vecinos de la villa, de la misma manera que no llamamos “countrieros” a los vecinos del country.
- Podemos, frente a un piquete, averiguar primero de qué se trata el reclamo antes de condenarlo por bloquear las calles.
- Podemos no focalizar la información preguntando “¿eran menores?” ante el hecho policial que nos toca cubrir, porque, en idéntica circunstancia, nunca preguntamos “¿eran rubios?”, “¿eran empresarios?”.

Son tiempos difíciles para la actividad. Quien no se mantenga a flote, dejándose llevar por la corriente, tendrá frente a sí cientos de obstáculos.

Pero hay salida para esta encrucijada: habrá que seguir la huella de los valores, al pulso de la honestidad personal e intelectual.

Nunca, como ahora, se vuelve tan necesario desnudar el alma y las ideas.

Señores, pasen y vean: nosotros, periodistas, que vivimos de mirar, no tememos (no deberíamos temer) ser examinados.