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OTRA VEZ BARRABÁS (Mayo de 2011)
Dos veces siento, historias en 200 palabras

“Fuiste vos”, señala uno. “Fue él”, refrenda otro. “Es un asesino”, califica un tercero. “Matenlon” (sic, con “n” final), ordena, por contagio, la turba. La TV legitimiza los cargos con un único argumento: “los vecinos dicen que…”.

Un hombre de 70 años y sus tres hijos estuvieron cinco años acusados de un crimen que no cometieron. Una pelea, dos muertos, y la familia Heredia involucrada por los dichos de dos testigos.

Dos personas dicen que una familia es criminal. Con eso basta. ¿Pruebas? Los dichos de los testigos, ¿para qué más?.

Habitantes de Villa Celina prenden fuego la casa de los sospechosos, donde el padre tenía un taller de carpintería. “Justicieros”, los bautiza el videograph del televisor.

Al anciano le dan prisión domiciliaria, dos de sus hijos pasan 5 años tras las rejas, su hija, 28 meses.

Un tribunal, finalmente, absuelve a los acusados e imputa por falso testimonio a los autores de la farsa.

Pero personas inocentes pasaron 1.825 días en una cárcel.

Es temerario el poder del la palabra como única prueba.

Nada nuevo, si se considera que hace 2.000 años, con un “subversivo” también preso bajo la figura del “dicen que”, la multitud eligió liberar a Barrabás.