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ECHAR MÁS LUZ, NUNCA MENOS. (Junio de 2011)
El pañuelo no se mancha.

Dentro de medio siglo, cuando se repase la historia actual en perspectiva, un dato sobresaldrá del resto: bienvenidas las dudas sobre aquellos medios otrora considerados “imparciales”, supuestos relatores de esa gigante abstracción que es “la realidad”.

Nunca antes el rol del periodismo estuvo tan sometido a debate, para algarabía de muchos y espanto de no pocos.

El tema Schoklender ocupa la agenda noticiosa en estos días.
Las Madres de Plaza de Mayo, en el sector liderado por Hebe de Bonafini, también están bajo análisis.

No hay otra salida posible que la más amplia explicación sobre los hechos que se denuncian. Los involucrados, tienen el deber de ser claros en sus argumentos.

¿Y los periodistas?

Eximo de la respuesta a canallas y miserables de ayer, hoy y siempre.
Ellos ya contestan a diario en (muchos) diarios.

Creo que el periodismo debe ir a fondo con el asunto.

A fondo significa preguntar todo lo que hay que preguntar, escuchar a todo aquel que tenga algo para decir, sopesar testimonios y pruebas.

No hay proyecto ni propósito que pueda prosperar protegiendo a los ladrones. La lucha contra el Poder, tan necesaria, tan árdua, tan eterna, no justifica el amparo ni la comprensión del delincuente. El delito (el delito castigado por la Justicia, no por tribunales periodísticos) no tiene ideología ni partido político. Es delito.
Mientras el delito se esté investigando, entonces, no habrá mejor aporte que echar más luz.

La mejor manera de apostar a una forma distinta, más digna y equitativa de pensar el país, es no pareciéndose a quienes conspiran contra ese propósito.

En buen castellano: no puedo traicionar para diferenciarme de los traidores.

No creo que sirva, en este caso, decir "que rindan cuenta primero ellos".

Pero surgen cuestionamientos lógicos:

¿Por qué exigen celeridad a la Justicia los que tardaron (y tardan) 10 años en hacer unos análisis de ADN? ¿Por qué exigen comportamiento republicano aquellos que frenan una ley votada por amplia mayoría en el Congreso? ¿Por qué exigen transparencia en el manejo de los fondos públicos aquellos que, durante décadas, se beneficiaron con la administración fraudulenta de los Estados de turno?

Se sabe: aparecerán los que aprovechen la ocasión para disparar, como disparan, sobre todo aquello que les amenace su hegemonía. Están muy contentos y no porque su obsesión sea y haya sido la honestidad en la cosa pública. Se los tendrá que refutar estando más unidos, más íntegros, más comprometidos. Se les deberá responder, hasta el hartazgo, con más explicaciones, nunca menos.

Para seguir discutiendo no habrá más que una firme y plural convicción: urge separar (si existen) a los tiradores de mugre, denunciarlos y no ser cómplices, para dejar en claro que el pañuelo no se mancha.