quien soy Mi carrera laboral
Trabajos en TV contacto
 

VIOLENTO FRAUDE (Agosto de 2011)
La construcción del relato periodístico.

A río revuelto, ganancia de espectadores. Nunca antes se discutió tanto sobre valores tan abstractos como “la objetividad del periodismo”, nunca como antes se expusieron tanto posturas ideológicas, posicionamientos económicos. En ese sentido, son tiempos auspiciosos para el ejercicio de la profesión, en la oportunidad que tenemos de bajarnos de los altares, mancharnos el traje de gala y asumir (más tarde que temprano) que somos hombres comunes, que no somos iluminados, que la “verdad” que difundimos es siempre un recorte marcado por nuestros propios valores, juicios y prejuicios, que muchas veces tenemos presiones empresariales, que en este contexto solo nos queda, y no es poco, trabajar honestamente de acuerdo a nuestras convicciones.

Así como coyunturalmente se agitó el fantasma del “fraude” en las últimas elecciones primarias, se agita, desde almanaques aún más sepias, el espectro de la “violencia”. Tal declaración es “violenta”, tal opinión genera “violencia”, esto es el reino de la crispación.

El fraude se ahoga en su propia falacia, y que intenten quedar a flote los que colaboraron con tamaña irresponsabilidad.

La “violencia”, la bandera de la “violencia” es, en rigor, el golpe más violento. Consiste en generar un clima de inestabilidad y riesgo que los indicadores del presente no refrendan.

- ¿A cuántos periodistas tiraron desde un avión?
- ¿A cuantos periodistas emboscaron en una esquina por publicar una nota?
- ¿Cuántos diarios, radios y canales de TV se cerraron por opinar en contra del Gobierno?

Una tapa de un diario de gran circulación, los títulos que cada media hora emite una señal de cable, instalan un mensaje poderoso. Cómo ocurre, por caso, con la energía nuclear, con esa herramienta se puede armar una bomba atómica o curar el cáncer. Depende de su uso.

Desde una tapa del diario se puede instalar que nadie votará en las primarias. No hace falta, para eso, escribirlo explícitamente. Hay métodos más sutiles, y no menos eficaces: “Desmienten que se suspenderá la interna”, “Dice tan jueza que no hay plata para la interna”, “El gobierno no gira fondos para la interna”, “la gente no le interesa la interna”. Los hechos, finalmente, terminan poniendo las cosas en su lugar.

Desde que un lunático gurú (hoy en retirada) agitara el fantasma del dólar a ocho pesos en el 2001, se comprueba lo que el trabajador de prensa sabe: el “dicen que dicen que pasaría que tal vez quizá especulan que cuentan fuentes que los analistas en los pasillos arriesgan” conforma una metodología que sigue atrayendo a muchas plumas y voces.

Se argumenta que, en la Argentina, la cobertura mediática está equilibrada entre los medios “independientes” y el multimedios oficial. Cualquiera que visite diez segundos la redacción de un diario, un canal de noticias o una radio, comprobará cuántas de las noticias que se emiten han sido producidas desde la tapa de Clarín y cuántas desde Página 12. Ciertos medios siguen “marcando agenda”, como dice la jerga, y por eso es que se les exige a ellos responsabilidad. Responsabilidad no es ocultar ni callar. Responsabilidad es contar con honestidad.