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¡DESCARTEN UNA HIPÓTESIS! (Agosto de 2011)
El mito de "los investigadores".

En estos días, el crimen de Candela Rodríguez dejó tras de sí estas informaciones puestas al aire en radio y TV y publicadas en diarios:

-Candela murió degollada.
-Candela murió golpeada.
-Candela estaba desfigurada por los golpes.
-Candela estaba desfigurada por la descomposición habitual en estos casos.
-Candela fue violada.
-Candela no fue violada.
-Candela estuvo en una casa amarilla.
-Candela no estuvo en una casa amarilla.

Parece la prehistoria, pero en el Caso Pomar también se dijo que:

-El papá era un nexo con los narcos, a través de su trabajo de químico.
-El papá era rico. (usaba un fiat weekend desvencijado para “aparentar”)
-El papá era violento y se había comprado un arma.
-El papá hacía gestos desesperados en el peaje, pues los narcos los perseguían.
-El papá abusaba de sus hijas.
-Las familias Pomar y Viagrán estaban peleadas entre sí.

El periodista es (somos) el único animal que tropieza dos veces (y mil veces) con la misma piedra. Claro que hay un blindaje perfecto para justificar los desaguisados: “No se descarta ninguna hipótesis”. Listo. Como no se descarta nada, esa basura que publicamos, en rigor, era parte de lo que “los investigadores” manejaban.

Derribemos el mito de “los investigadores”. Si todos los periodistas que dicen saber de “los investigadores” realmente estuvieran en contacto directo y fiable con ellos, solo dos posibilidades caben: o “los investigadores” no pueden trabajar, atareados con pasarle data a los periodistas, o hay un millón de investigadores, tres para las pesquisas, el resto para atender a los medios.

La mayoría de las veces (y suponiendo, solo suponiendo, que la voluntad del hombre de prensa es colaborar con información para su público y no funcionar como agente de prensa de la fuerzas de seguridad) tales “investigadores” son, en verdad, un amigo que tiene un primo que trabaja en una estación de servicio donde conoció a la que vende café que conversó una tarde con el hombre que custodiaba un camión que transportaba pañales para adultos y le comentó que un primo suyo que hacía mucho que no veía pero que estaba en el destacamento de Gendarmería de Quemú Quemú había sido compañero en los Boy Scouts de la parroquia Medalla Milagrosa de un pibe que hoy es escribiente de la seccional San Cristóbal y le pareció escuchar a un sargento que, en un asado, le dijo que “la familia de Candela es rara”.

La demanda de “aire” de las noticias nos asfixia. Como no podemos dejar “el aire” vacío, todo vale para llenarlo. En el mejor de los casos, tratamos de deducir y especular para buscar una pista. En el peor, nos agarramos de cualquier vecino para construir la afamada “pista de los investigadores”. En medio hay gente. Historias. Sufrimientos. Dolores. Urge repensar nuestra manera de cubrir estos casos.

“Separamos a la prensa en dos grupos: los buenos periodistas, a quienes agradecemos el profesionalismo y respeto al tratar el tema. El otro grupo, los malos periodistas: cuando se supo el desenlace se empezaron a cubrir con las frases ‘el periodista primero pregunta y luego informa, el periodismo no inventa…’… ¡Las veces que hubiésemos tenido que salir a desmentir barbaridades! A ellos les pedimos que vuelvan al periodismo limpio y cumplan con el rol de informar sólo la verdad: ¡vayan a las fuentes y dejen de lado el rating!”. Así terminaba una carta que la Familia Pomar envió a los medios hace un año. No aprendimos nada.