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¿QUÉ CULPA TIENE EL TOMATE? (Setiembre de 2011)
Noticias que, a veces, son verdurita.

Tiempos modernos. Antes, el ABC del cronista, su labor más básica y primitiva, era ir a las ferias a preguntar por el precio del tomate. Se la consideraba una tarea iniciática, el “derecho de piso” a pagar en el oficio.

Hoy, el precio del tomate (y otras cuestiones universalmente extendidas) se debate en las redes sociales. Uno de los últimos temas en Twitter y Facebook es el costo del “oro rojo” y sus consecuencias: alguien se indigna, protesta, le echa la culpa al gobierno, promete no comprar más (y nunca cumple). Cosas de la vida, es inexorable que aquellas cuestiones que estallan en Internet se trasladen a la pantalla chica, radios y diarios. O sea, a prepararse para el “alerta tomate”.

El archivo demuestra tamaña preocupación no debiera ser tal, habida cuenta de que el aumento del tomate, en primavera, es esperable por cuestiones de producción, comercialización y clima. Algo así como sorprenderse de que en verano haga calor y en invierno, frío. (Bueno, todavía seguimos cubriendo notas color sobre las altas temperaturas en diciembre y bajas temperaturas en julio, cuando la noticia sería que nos derritiéramos en julio y nos heláramos en diciembre…)

Esto decía el diario Clarin, en años anteriores:

-“El precio del tomate redondo creció nada menos que 19 por ciento en setiembre”. (3/10/97)

-“Los precios mayoristas de las frutas y verduras pegaron un fuerte salto en octubre…. El tomate subió un 11%”. (4/11/2003)

“El tomate redondo subió un 22% en setiembre”. (4/9/2004)

“Los tomates perita enlatados subieron un 104% en setiembre”. (25/9/2005)

“Los tomates redondos subieron un 27%”. (26/11/2005)

“El kilo tomate aumentó cerca de 40% entre julio y agosto, según los datos extraoficiales. Aunque los números del INDEC muestran una suba de solo el 23%”. (12/9/2007)

¿Entonces?. Entonces, lejos de aspirar ser analista agropecuario, económico o financiero, el tomate, por estas épocas, aumenta. Aumentó siempre, y aumentará, como aumenta el bacalao en Semana Santa y el pan dulce en Navidad.

Si los periodistas usáramos un 10% del esfuerzo y el espacio que le dedicamos al “alerta tomate” para fomentar valores de consumo solidario y responsable, algo empezaría a cambiar. Si los compradores de verduras y hortalizas se decidieran a actuar en conjunto para boicotear el producto, algo podría modificarse. Mirando la tele y acumulando ira, nada, absolutamente nada va a modificarse.