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DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE HORROR (Marzo de 2012)
Todo (ningún) pibe nace chorro.

El menor, el gorrito, la visera. La cámara aficionada o el sistema de seguridad en video. El delito pre producido alimenta las pantallas de la televisión. La composición de la imagen y el (inexistente) marco informativo completan el prejuicio: la niñez en la mira, la niñez pobre, la niñez negra, la niñez “villera”. Durante seis meses, con apoyo de la Fundación Telefónica, la Universidad Austral monitoreó noticieros vespertinos de los canales de aire. Conclusión: las notas sobre niños y adolescentes ocupan el 12% del espacio, pese a que la franja etaria representa el 35% de la población; del total de noticias, el 42% reflejan la episodios violentos, con menores autores o víctimas de delitos.
De cada diez menores que aparecen en la tele, cuatro son asesinos o ladrones o esos cuatro fueron asesinados o robados. ¿Es esto “la realidad”? En el aula de la escuela de nuestros hijos, en el club del barrio donde van a hacer gimnasia, en la plaza, ¿cuatro de cada diez pibes son criminales? ¿Cuatro de cada diez fueron violados, secuestrados, torturados, asaltados? Pareciera que sí, al menos para el universo mediático. Lo que se hace es crear miedo y sacar provecho de eso. ¿Quién lo afirma? Keith Hayward, director de estudios sobre Criminología y profesor de Terrorismo y Sociedad Moderna y Criminología Cultural en la Universidad de Kent, Inglaterra. El catedrático elabora el concepto del “pánico moral”.
Dice Hayward: “La cuestión del pánico moral tiene cuarenta años, es una vieja teoría, pero buena; aún funciona. Cada tanto, cuando surge una nueva droga o alguna cuestión que sorprende, reaparece nuevamente el pánico moral clásico. Yo creo que los medios de comunicación funcionan más sofisticadamente en estos días, hasta el punto en que el pánico moral resulta bueno para los negocios. Así, lo que se hace es crear miedo y luego sacar provecho de eso. Por consiguiente, emergen grandes delitos y se benefician de vuelta del pánico moral en un proceso cíclico al modo de una escalera de caracol que parece hacer referencia a uno y otro constantemente. Hay cientos de reality shows policiales muy populares en televisión que encarnan siempre una misma posición ideológica. Nunca hablan sobre políticas o la situación del delito, sino que se refieren a un particular delito callejero. Entonces, antes teníamos el famoso pánico moral causado por la delincuencia callejera, todavía lo tenemos, pero lo que se estudia ahora es el tipo de miedo que el delito genera en la imaginación”.
Saber cuánto hay de verdad y cuánto de imaginación en el tratamiento noticioso es un doble desafío: a los hombres de prensa, para que sean honestos en su relato; a los televidentes, para que aprendan a separar la hojarasca del perpetuo otoño. Sugiere Umberto Eco: “Una estadística es aquel enunciado por el que si una persona come dos pollos y otra no come nada, se da por cierto que ambos comieron un pollo cada uno”.
Si es por alimentar a la platea, se trata de variar el menú: si sólo se ofrecen pirañitas, bicichorros, limpiavidrios y otras yerbas, la gente consumirá un panorama que se puede desmentir con sencillez. Salvo que, en efecto, en el aula de la escuela hayan varios asesinos sueltos. Ahí sí será cuestión de salir corriendo… (¿A llamar a los canales de TV?)