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UNA BURRADA (Marzo de 2012)
Errores (¿errores) a libro abierto

Por impericia, descuido o mala fe (táchese lo que no corresponda) se publicó en uno de los diarios de mayor circulación en el país (no en el diario que -curiosamente- compró a fin de año una editorial con una extensa cadena de librerías asociada a otras editoriales extranjeras) las siguientes informaciones:

Día 23 de marzo: “La restricción al ingreso de bienes de origen extranjero llegó a los libros, las revistas y todo material impreso, desde folletos hasta cajas de cartón corrugado y etiquetas”.

Día 30 de marzo: “¿A quiénes afectaba (la medida)? A particulares, que traían por courrier un libro comprado por internet. Y a editoriales, para envíos de menos de 50 kilos o U$S 1.000 “.
En siete días, el “todo material impreso” pasó a “libros por internet”.

Primero, nada, ni un folleto, ni un volante, ni una estampita, podía ingresar importado.

Apenas siete días después parece que no era tan así. Y peor (¿mejor?) aún, el alambre de púa literario que parecía extenderse por toda la frontera celeste y blanca ahora no está.

Bienvenido el debate sobre proteccionismo, industria nacional y medidas acertadas o desacertadas de los funcionarios de turno.

Cuestionables las alarmas infundadas, los verbos en condicional afirmados como certeza.

Y, ya que no hay restricciones a la palabra escrita, un último planteo: Si tan preocupados estamos por la cultura (y lo bien que hacemos) ojalá observemos con idéntico celo y luchemos con similar vehemencia ante rebajas presupuestarias, suspensión de programas y ciclos, cierre de cursos y aulas, y otras cuestiones que (sin tanta difusión) suceden a diario.