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QUÉ FRÍO! POR LA ESPALDA… (Junio de 2012)
Acusación fácil, periodismo fácil, gatillo fácil...

Siete años son dos mil quinientas cincuenta y cinco noches.

Tuvo tiempo Fernando Carrera para hacer estas y otras cuentas, mientras estuvo preso.

La Policía Federal le armó una causa, lo acusó de criminal, lo señaló como el asesino de tres personas, para esconder otro caso de gatillo fácil.

El periodismo “de investigación” hizo su parte: se limitó a ser vocero de los uniformados, no chequeó ningún dato, agitó –otra vez- el fantasma de la inseguridad, repartió por aquí y por allá el testimonio de cualquiera que pasara por la esquina de Pompeya y, entre todos los súbitos testigos, uno en especial, plantado por la propia Policía para inventar la historia.

Los jueces del tribunal tragaron sin masticar el plato que, merced al aparato mediático policial, había dejado servido la fiscalía.

“Usted, Carrera, que al momento de los hechos no tenía antecedentes policiales, usted que jamás disparó un arma en su vida, usted que, en este juicio, no fue reconocido por los testigos que sí lo inculparon en la etapa de instrucción, usted, casado y padres de tres hijos, tendrá que pasar treinta años preso. El que mata debe morir, ¿vio?”

La Corte Suprema ordena ahora un nuevo juicio. Celebra Carrera y, colmo de la paradoja, replican la información muchos hombres de prensa de los que, con su método de repetir sin soplar partes policiales disfrazados de noticias, colaboraron entonces y colaboran hoy para que muchos inocentes paguen, a la sombra, las deudas de esta práctica infame.