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INSEGURIDAD SIN CURA(S) (Julio de 2012)
Plegarias, sermones, hechos.

Hace unos años, el padre Enrique Evangelista llegaba a la villa 1-11-14, del Bajo Flores. El párroco de la iglesia Santa María Madre del Pueblo, era Rodolfo Ricciardelli, que ya manifestaba los problemas de salud que luego le provocarían la muerte.

Ricciardelli y Evangelista trabajaban en la primer parroquia fundada en una villa u (honor al Padre Carlos Mugica) en un “barrio obrero”. Esa parroquia había sido creada por otro sacerdote, Jorge Vernazza.

El padre Evangelista venía de la Villa 31 de Retiro, de la capilla que había levantado Mugica, donde descansa el cuerpo del sacerdote asesinado en 1974, que hoy también es una parroquia, a cargo del Padre Guillermo Torre, con ayuda de los padres Eduardo Drabble y Martin Carrozza.

Cuando Enrique se mudó a Flores, fuimos a visitarlo con toda la familia. Su casa era un contenedor reciclado. Nos hicimos unos mates, conversamos de todo un poco. Sonó mi celular, pero como no había señal dentro del contenedor, salí. Enrique me advirtió que tuviera cuidado, que el lugar era, dijo, “bravo” y que a él lo habían “bautizado” apenas llegó.

El templo queda justo enfrente de la ciudad deportiva de San Lorenzo, a la altura del puente peatonal que cruza la avenida. Escuché como Enrique me contaba que el primer día en el barrio, un grupo de muchachos le había sacado el celular y los pocos pesos que llevaba en el bolsillo. Creo recordar que al otro día le devolvieron las cosas.

Ni entonces, ni cuando un primero de enero a las 2 de la mañana lo llevaba de regreso y se me quedó el Renault 11 a GNC en el mismo lugar, ni hoy, cuando Enrique sigue pisando los mismos barrios obreros, ahora en Barracas, escuché de su boca palabras condenatorias hacia los pibes que le habían robado. Es más, Enrique, como Guillermo, como Martín, como Eduardo, como antes Rodolfo, y antes Jorge y antes Carlos, son laburantes de la fe en la semilla, que insisten, insisten e insisten (y no siempre ganan) en apostar y amar a los que el resto desecha.

Esta mañana, los diarios hablan de una Parroquia asaltada en Caballito. Como ocurre en la otra cadena nacional, la televisión puso sus móviles en directo para trasmitir durante media hora el testimonio del sacerdote robado. “Tenemos miedo” dice el hombre de sotana, al que no juzgo.

Solo doy gracias a Dios de que el miedo no sea la única respuesta, agradezco a Dios conocer otro camino, conocer a los que transitan el amor, la caridad y la comprensión a paso firme.

A los productores, periodistas, jefes de medios y público en general, les comparto otras voces, que no estuvieron en tapa entonces, ni hoy.

Decía Vernazza: "Para mí lo más importante es el contacto con los pobres. El trabajo en la villa me dio esta gran oportunidad. Me ayuda a mantenerme en un espíritu de pobreza, de simplicidad de vida; me pone frente a la situación más clara de tener que estar al servicio de otro y no de mí mismo”.

Decía Ricciardelli: “Yo estuve en parroquias de clase alta y en parroquias de clase media, estuve en santuarios, trabajé y no trabajé, tuve coche y no tuve coche, ahora solamente estoy en la villa trabajando de cura y ¿sabés lo que la gente quiere? La gente necesita que estés. Que cuando tenga una necesidad, un dolor, una alegría, allí estés. Nada más pero nada menos”.

Decía Mugica: “el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera eficaz a su prójimo, a sus hermanos… Cristo va a decir a los de su izquierda estas palabras terribles: "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno". ¿Por qué? Bueno, ahí podríamos pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque no dieron limosnas. Y sin embargo, no. Cristo va a decirles: "Yo tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la cárcel y no me vinieron a ver..." Y lo notable va a ser que algunos preguntarán: 'Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y no te dimos de comer?' Y Cristo responderá: "Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos". Y es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso y el de todo hombre”.