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"EL INFIERNO SON LOS OTROS" (Agosto de 2012)
Estigmas de la inmigración.

Relato. Esto es un relato, aquello es un relato. Hay, parece, relatos malos y relatos buenos. Discursos encadenados y discursos en cadena, unos molestan, otros no. Entre las más sólidas construcciones del aparato masivo de difusión está el prejuicio a la inmigración.

Molestaba la inmigración interna, hace medio siglo, los “cabecitas negras”.
Molesta la inmigración externa, hoy, los “paraguas”, “bolitas”, “peruanos”.

Cuatro frases:

a)“A estos tipos los traen en camiones, a poblar las villas, ilegales, es un viva la pepa”.

b)“Estos tipos vienen a quitarnos el laburo”.

c)“A estos tipos le tenemos que dar hospitales gratis, se vienen a atenderse acá con mis impuestos”

d)"Los robos crecen, porque crecen los negros que vienen de afuera".

Si el lector alguna vez escuchó citas así, deberá tener en cuenta el último informe de la Organización Internacional de Migraciones (OIM).

Resulta que, al prejuicio a) le corresponde la siguiente conclusión: “La mayoría de los nuevos migrantes –sostiene la OIM- se encuentran en situación regular. Entre 2004 (año que entró en vigencia el nuevo marco normativo migratorio) y 2010 se otorgaron más de 500 mil residencias definitivas, con un promedio anual de más de 100 mil... En el 2001, el 4.2% de la población era extranjera, en 2011, el 4,7%”.

Al prejuicio b) se lo rebate con esta afirmación: “La presencia de trabajadores inmigrantes no incide en el nivel de desocupación de los nativos, ya que no se han evidenciado situaciones de desplazamiento o competencia con éstos”.

Al prejuicio c) se lo refuta con este diagnóstico: “Los nacidos en países limítrofes y en Perú realizan consultas médicas con menor frecuencia que el resto de los habitantes de la Capital”.

A la cita d) se la confronta con la estadística: "En el sistema carcelario hay 28.039 condenados argentinos y, en total, 1.536, entre peruanos, paraguayos, bolivianos, uruguayos y chilenos". Sobre 40 millones de argentinos, los condenados "celestes y blancos" son el 0,07%. Sobre 1.800.000 de inmigrantes, fueron condenados el 0,08%. La diferencia entre ladrones importados y locales es del 0,01%, uno en diez mil.

Un dato abonaría las sospechas de los que acusan por color de piel o portación de cara: La OIM dice que los inmigrantes presentan índices de detención -no condena- superiores a los nacionales.

“¡Chorros! ¿viste? ¡son todos chorros!”, se apresurará en delatar el nativo.

El informe se completa con otro mazazo a los defensores de la pureza racial: “(los altos índices de detención) se deben a las prácticas de discriminación que se ejercen sobre estos grupos, cristalizada en una mayor vigilancia y control de los mismos y, como consecuencia, en mayores detenciones y posteriores procesamientos, condenas y encarcelamientos”.

El prójimo como próximo, bien puede ser, para algunos, un valor propio de ingenuos idealistas. Hay un camino más sencillo: si no se tolera al distinto, al de afuera, al “indeseable otro”, por lo menos se le puede conceder el derecho a ser inocente hasta que se le demuestre lo contrario. Lo demás es un relato egoísta, discriminador, sectario e inhumano. Y, sobre todo, falso.