quien soy Mi carrera laboral
Trabajos en TV contacto
 

UNA ESTATUA PARA LA LIBERTAD (Setiembre de 2012)
Cuando la repetición sistemática de consignas pasa factura.

Oid mortales el grito sagrado.

Viernes 21, Día de la Primavera, local de venta de vajilla descartable.

El dueño me pregunta de qué trabajo. Le digo que soy periodista. Se produce el siguiente diálogo:

-¿Cómo ve la cosa?, dice el señor.
-Y... vio como está todo, le comento, como para tomar un atajo.
-Está complicado -agrega- esto de las libertades...

Las pocas ganas que tenía de participar del debate político, me vinieron subitamente. Libertad, libertad, libertad.

Le consulté al comerciante si, por caso, el domingo anterior había visto el programa de Lanata o si, por el contrario, cuando puso canal 13 se encontró con una placa negra. Que había visto el programa sin inconvenientes, contestó. "¿Y lo escuchó hoy por la radio, o en Mitre pasaban música clásica?". Lo había escuchado, contestó.

Le pregunté si había tenido noticias sobre represión o detenciones durante el cacerolazo. Que no se había enterado, admitió. Miré para un lado, para el otro, y le consulté si advertía o no la presencia de policías de civil prestos a detenerlo por estar hablando mal del Gobierno. No, no veo a nadie, señaló.

Quise saber si él podía elegir esa noche si darle de comer o no a sus hijos, si podía elegir si mandarlos a escuela pública o privada, si podía decidir entre atenderlos en el Hospital Tornú o en el Sanatorio de la Trinidad. Sí, puedo elegir, me contó.

Entonces, quise saber cuál era el problema que tenía con la libertad. Se quedó pensando. Juro que se quedó pensando. Algunos clientes que se habían acercado a la charla murmuraban. No pude escucharlos. Pero el dueño se quedó pensando. No se que habrá seguido pensando cuando me fui. Lo que si se es que no me dio la factura de los $ 85 que pagué, y que no tenía caja registradora oficial a la vista.