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FRANCAMENTE, FRANCISCO (Marzo de 2013)

A propósito del tema “Francisco”, se me ocurrieron cientos de reflexiones para compartir. Bueno, tampoco tantas…

Ahora, ¿por dónde empezar? No quiero hablar como católico, pues no tengo autoridad. Me salteo bastantes páginas del Evangelio, olvido casi todos los mandamientos, tengo inasistencia serial para los sacramentos, me acuerdo de rezar, a veces, sólo en tiempo adicionado, si Ferro va perdiendo y tenemos un último córner a favor.

Hablaré, entonces,como periodista. ¿Cómo periodista católico? No, por argumentos antedichos.

La prensa, sobre todo la prensa televisada, eligió destacar tres valores de la figura del Papa: humildad, compromiso con los pobres, espíritu de servicio.

Consignas como el “Papa de los humildes”, el “Papa villero”, el “Papa de todos”, poblaron los “zócalos” de la pantalla.

Quiero creer, hombre de fe que soy, que haremos propios esos valores que tanto promocionamos.

Así, seremos humildes a la hora de juzgar, no condenaremos, aceptaremos otros puntos de vista, hablaremos no desde el altar sino al lado de nuestra gente.

También nos comprometeremos con los pobres: prometemos no castigarlos de antemano ni acusarlos por “portación de cara”, prestaremos nuestros oídos a sus problemas aunque no “midan”, los entrevistaremos aunque den feos en cámara y no resulten simpáticos ni chistosos. No seremos su voz, porque ellos tienen voz. Amplificaremos y visibilizaremos su palabra.

Por último, haremos gala de nuestro espíritu de servicio. Así como no nos cansamos de mostrar hechos delictivos ni cualquier pavada levantada de Youtube, tampoco nos cansaremos de machacar con el que sufre, que el que no tiene, con el que no puede.

Magnífica oportunidad se nos presenta: ya identificamos valores rescatables, resta solo ponerlos en práctica.

Micrófonos a la obra, pues, que si todos ponemos nuestro granito de arena el cambio sucederá. Como que hay Dios.