quien soy Mi carrera laboral
Trabajos en TV contacto
 

VAMOS LAS BANDAS (Junio de 2014)

En un galpón, la asamblea de bandas discute nuevas maniobras.
Los “tirapiedras” de la Autopista Illia departen amablemente con sus vecinos, las “pirañas”. Los “patachorros” piden consejos a los “abrepuertas colombianos”, mientras los del cartel “objetivo: embarazadas” intercambian opiniones con los “ataca abuelos”, buscando definir target. “Bicichorros” y “Motochorros” analizan críticas y elogios a la bicisenda. Los “narcouniversitarios” y las “narcopalomas”, “mecheras” y “hombres araña”, la “banda de la maza” y la “banda del garrote”, comparten espacio, aportando lo suyo.
En medio de la reunión, el maestro de ceremonia pide silencio, para presentar a dos de los nuevos socios: Pedro y “Pololo”, los “pungashopping”. Los flamantes miembros del club arriban con su certificado de ingreso, esa nota periodística que los pone en tapa y los incorpora a la alarma cotidiana. A partir de ahora, son afiliados a la galería del terror, para beneplácito de los miembros honorarios del grupo: los micro doble piso, los edificios que estallan por escape de gas, los rayos, el granizo.
Las pesquisas mediáticas engullen esta mañana (25-6-14) un renovado banquete.
La noticia habla de una banda de punguistas, al mando de un tal “Pololo” y Pedro, que azota el shopping Alto Palermo. Dice el diario que “la banda quedó al descubierto el lunes a la noche, cuando uno de sus líderes intentó robarle a una mujer”. Es curioso que en una de las superficies cerradas que cuenta con la mayor cantidad de cámaras de seguridad de la urbe, frente a delincuentes de tamaña calaña, recién en la víspera se hayan obtenidos registros del accionar de la horda.
“Son entre 10 y 15 hombres y mujeres…. Solo cuatro son mayores de edad”, dice el diario que dice un comerciante. Cada vez que se observan estos diagnósticos, cabe preguntarse si el testigo pidió DNI a los maleantes para comprobar fehacientemente la fecha de su cumpleaños. Nótese que el comerciante no dice “solo cuatro son adultos”, dice “mayores de edad”, una calificación propia de un prontuario.
“Yo charlé con algunos de ellos. Son todos del Conurbano, Isidro Casanova, Glew”, dice la nota que dice un comerciante. La frase “Son todos del conurbano” está resaltada en negrita. Otra curiosidad. Se trata de una peligrosa banda, ante la cual el comerciante tiene dos opciones: a) llama a la Policía y/o hace la denuncia; b) le pregunta “Che, ¿ustedes de dónde son?”.
“Van al patio de comidas a pedirle a la gente que está almorzando”, dice la nota que dice un empleado. Es recomendable recordar la circulación reciente de un mail que advertía de una nueva modalidad delictiva: Un chico aparece en la calle, llorando. Uno va a ayudarlo, el chico dice “creo que mis papás estaban por acá”, y cuando el autor del gesto solidario empieza a caminar es abordado por ladrones. Conclusión: nadie se acerque a un niño llorando en la calle. Y nadie le de una papa frita a quién se la pida en un patio de comidas.
Dice el diario que dice indignado (sic) un vendedor de juguetes que “apenas abre el shopping (los miembros de la banda) se meten en el comercio de Sony a jugar a la playstation”. Cualquier niño que en cualquier shopping, hipermercado o negocio de electrodomésticos se ponga a jugar o a probar películas 3D tendría, con esta lógica, que ser observado como delincuente. ¿Cualquiera? Bueno, hay ciertas consignas para identificar a la banda, que el diario agrega. “Ayer a la tarde… apareció un joven vestido de gorra y equipo de gimnasia, de unos 15 años. Intentó entrar al centro comercial. Un vigilador se acercó y lo echó”. Otra vez se recurre al “identificador de edades”, con el resultado cantado: es menor. Otra vez, la gorra y el equipo de gimnasia. Otra vez, el chico es (por ser chico y por tener gorra y equipo de gimnasia) un delincuente. Por eso el vigilador actúa preventivamente.
¿Existió el suceso que narra el artículo? Sí. ¿Es algo que merece figurar en tapa? Es opinable, pero la decisión final la tiene el director del diario y su criterio es soberano. El objeto de la crítica no es ese.
Los medios de comunicación son formadores de opinión pública. De ese poder nace su responsabilidad. “Contamos lo que pasa”, es argumento de rigor de los hombres de prensa. Pero hacen, a veces, más que eso. Universalizan lo que pasa, multiplican un hecho aislado para que un episodio puntual se convierta en la “realidad”, formando criterios, moldeando prejuicios y, peor aún, fomentando condenas.