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PERIODISMO BUITRE, HERIDAS SIN GAZA (Julio 2014)

Qué se cuenta y qué no, esa es la cuestión.

Ayman Mohyeldin, corresponsal en Gaza para la cadena norteamericana NBC, fue desplazado de su puesto tras dos décadas de trabajo en el lugar. Fue el periodista que reportó el asesinato de cuatro chicos en las playas de la Franja, víctimas de un misil.

Diana Magnay, corresponsal de la CNN en Medio Oriente, fue despedida de la cadena tras cubrir, en vivo, cómo algunos ciudadanos israelíes festejaban la caída de un misil en el lado palestino de la tierra. Esas personas, –que habían llevado sillas a ese punto de observación para contemplar, cual autocine o pantalla gigante, el “espectáculo” del bombardeo- amenazaron a la mujer y se quedaron a su lado por si, dijeron, contaba algo equivocado. La periodista, intimidada, narró lo sucedido en Twitter: “Los israelíes en la colina por encima de Sderot animan como caen las bombas en gaza; amenazan con destruir nuestro coche si digo una palabra equivocada. Escoria”.

La palabra “escoria” fue el argumento del despido. Se castigó a la periodista por el sustantivo. Dice el diccionario: Escoria, cosa vil y de ninguna estimación. Magnay ya no puede seguir contando. Los viles, los indignos de toda estima, siguen esperando el próximo bombardeo, la próxima función.

Ustedes, ¿sabían lo ocurrido con estos dos periodistas? ¿Lo leyeron en los grandes diarios, lo vieron en los grandes noticieros. Yo no.

Me enteré por un post en Facebook. Como me enteré por Twitter del crimen de la sobrina de otro periodista, de la Televisión Pública, Eduardo Salim Sad. La niña tenía 5 años. Una bomba cayó sobre ella en Gaza.

Acaso la única buena noticia entre tanta miseria sea poder participar, siquiera desde el teclado, de esa aventura a la que nos convocó Rodolfo Walsh hace 40 años: “Cadena informativa puede ser usted mismo… Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo…Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote al Terror”.

Al Poder le sobra todo, pero carece de moral y vergüenza. El Poder usa a los medios, porque antes se los adueñó. Cuando un gobernante “populista” discute con un periodista, el Poder se indigna, la noticia se multiplica.

Cuando el Poder, el verdadero Poder, silencia a los periodistas, ¿qué hacer?

Contar. No contar es también tirar el misil.